AMLO en Tercer Grado: la entrevista a un candidato que parece presidente

AMLO en Tercer Grado: la entrevista a un candidato que parece presidente

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Quisieron comenzar muy duros, muy como que lo iban a exhibir. Y no pudieron. Conforme pasaban los minutos, se fueron ablandado. Quedaron domados. Así fue la entrevista que Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola, Denise Mearker, Leo Zuckermann, René Delgado, Leopoldo Gómez y Raymundo Riva Palacio le hicieron a Andrés Manuel López Obrador.

Mearker fue la más incisiva al principio. Pero a lo burdo: que por qué no saludó a los candidatos en el debate, que por qué no se despidió, que si eso no representaba una falta de educación. López Obrador, tranquilo y sincero, respondió: “no soy hipócrita”.

Primer round ganado.

Denisse Maerker. Foto: Especial

Después, Carlos Loret de Mola intentó desacreditarlo por la gente que recientemente se ha integrado a Morena: “¿No está la mafia del poder en Morena?” López Obrador, tranquilo, le dijo: “No, no, no, cómo se va a comparar a cualquier de estos con Salinas. Salinas es el padre de la desigualdad moderna”.

Segundo round, ganado contundentemente.

Los comentaristas de Televisa comenzaban a hacerle las mismas preguntas que miles de bots en redes sociales hacen todos los días: que Napoleón Gómez Urrutia, que cómo le va a hacer para cumplir sus promesas, que si se iba a reelegir, que si era como Hugo Chávez, que si nos llevaría a la situación de Venezuela, que si bla bla bla bla. Incluso, le preguntaron que por qué no reconocía méritos en sus contrincantes.

Carlos Loret de Mola. Foto: Especial

AMLO no desaprovechó: “Yo, con todo respeto, creo que estamos enfrentando a un grupo de poder, a una mafia, y ellos, los candidatos, representan, unos más y otros menos, con matices, al grupo de poder que ha predominando en México. No hay diferencias sustanciales entre el candidato del PRI y del PAN”.

Ya comenzaba a parecer una paliza.

Leo Zuckermann intentó exhibir a AMLO como autoritario, porque, según esto, AMLO le había recriminado a su propio hermano que lo había traicionado al apoyar a otro partido político. Para Zuckermann esa cuestión parecía un misil. AMLO lo usó para dejar en claro que la corrupción en un gobierno encabezado por él se castigará, que no habrá impunidad:

“Si alguien, aunque sean amigos, o hermanos o compañeros, a nadie se les va a permitir corrupción. Nada de impunidad. Todos, incluidos los familiares, tendrá que actuar con rectitud”.

Leo callado. Como avergonzado.

Después vino la andanada en defensa de la cúpula empresarial: todos diciendo que cómo era posible que les dijera cosas tan feas a esos señores que eran los casi dueños de todo.

Incluso, uno, padeciendo un exceso de sinceridad, gritó alarmadísimo: “Es el gran capital, candidato”, como diciendo: “no se les puede hablar así a esos señores tan poderosos y de tanto dinero”.

AMLO, tranquilo, respondió con una frase contundente: “Lo que ahora se necesita es separar al poder económico del poder político”.

El golpe más duro, el que tenían mejor ensayado, resultó bien resuelto por Andrés Manuel. Ya, de ahí en adelante, todo fue del lado del tabasqueño.

La entrevista se convirtió en una cátedra. AMLO les enseñó a los comentaristas que tenía enfrente historia, les mostró autores, habló incluso de Tolstoi (¿qué político en México tiene la capacidad de citar frases del escritor ruso León Tolstoi?). Les planteó las problemáticas del país, las soluciones pensada, las capacidades.

Dio, en unos cuantos minutos, un diagnóstico de la situación del país. Para ese momento, los comentaristas que parecían gallos iracundos a punto de pelea en palenque, ahora se veían como mansos perritos que buscaban denodadamente la mano de su dueño para una caricia.

Raymundo Riva Palacio veía a Andrés Manuel con una cara de admiración. Carlos Loret de Mola, ni hablaba. A veces, López-Dóriga se quería hacer el duro, pero las respuestas de AMLO eran tan contundentes que poco a poco se dio cuenta que cuando intervenía, quedaba humillado. De repente, Leo Zuckermann se vio asintiendo a todo lo que decía AMLO. Pero, ¿cómo rebatirlo? Se le ocurrió lo más absurdo: oiga, candidato, pero “yo quiero que se castigue” a los que han cometido delitos, y usted ha dicho que “no los va a perseguir”.

AMLO, tranquilo, dio a entender que él no persigue, pero que la justicia sí. Y si hay delitos, no habrá impunidad. Pero tampoco se dará una cacería, como sucedió, dijo, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

Ya era un nocaut, pero como la entrevista tenía que continuar, continuó

Andrés Manuel se explayó. Ya no hablaba como candidato: parecía que ya estaba haciendo un discurso como presidente. El único pendiente que mostró fue el de la violencia del país: “la gran preocupación es garantizar la paz y la tranquilidad”. El país, dijo, está tan quebrado en ese aspecto, que echarlo a andar, moralizarlo, va a ser complicado. Pero para eso, mencionó, se va a trabajar mucho. Sin descanso. Sin echarse un paso atrás.

Al diagnóstico que había dado AMLO, le siguieron las formas para echar a andar lo que hoy parece estar podrido. Se mostró claro en las cuestiones económicas, en datos y cifras, dio propuestas concretas.

La entrevista concluyó. AMLO resultó un ganador contundente, y quedó claro que los formatos acartonados de los debates del INE no son donde él se siente cómodo. A López Obrador hay que escucharlo, hay que ver cómo reflexiona, y cómo muestra el conocimiento que tiene del país entero.

Quedó claro que Andrés Manuel es un político excepcional, que no precisa como Ricardo Anaya aprenderse frase por frase; que no responde como si estuviera en un spot de televisión, clásico de José Antonio Meade. No, AMLO es un político peso completo, que se nota su conocimiento, que se nota su capacidad de retentiva, que se nota sus amplias reflexiones, y que se nota que ha tenido experiencia en la administración, en la práctica.

AMLO, ayer en Tercer Grado, más que candidato, parecía un presidente. Un presidente de esos que muchísimos mexicanos añoran desde siempre. Un presidente que, en lugar de causar odio, ira y desprecio, provoca admiración. Un presidente digno, que ame a la patria y no a sus negocios: no al dinero.

 

Por Jorge Gómez Naredo, 04 Mayo 2018

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