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Militares, policías y narcos detuvieron en operativo conjunto a los 43 de Ayotzinapa, afirma un testigo

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El declarante en la FGE, presunto líder de Guerreros Unidos, dijo que un grupo fue interrogado en el 27 Batallón y luego entregado a narcos para su desaparición, a otro se lo llevaron policías estatales y a un tercero los de la organización criminal. Los cuerpos de los normalistas fueron diluidos en ácido y sosa cáustica y vertidos al drenaje, otros destazados a machetazos y hachazos y cremados en una funeraria de Iguala. Las revelaciones de Juan sirvieron para la detención del capitán Martínez Crespo y la liberación de otras 17 órdenes de aprehensión contra militares. Los narcos, auxiliados por soldados y policías, buscaban entre los estudiantes a miembros del cártel rival que se había mezclado con los normalistas, dice

Ciudad de México, 20 de enero de 2021. Los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron detenidos con una treintena de personas más en una operación conjunta de militares, policías y sicarios. Un grupo fue interrogado en el 27 Batallón de Infantería en Iguala y luego entregado a los narcos para su desaparición. Algunos de los interrogados fueron entregados muertos.

Ante la Fiscalía General de República (FGR), un testigo protegido identificado como Juan, presunto líder de Guerreros Unidos, el cartel responsable de la desaparición de los muchachos, hizo esta declaración a la que tuvo acceso Grupo REFORMA.

Las revelaciones de Juan han llevado en esta administración federal, a la detención del capitán José Martínez Crespo y a la liberación de 17 órdenes de aprehensión más contra militares relacionados con los hechos.

Martínez Crespo, quien sigue su proceso en la cárcel del Campo Militar Número 1, fue señalado por Juan como operador de las detenciones de los normalistas y que incluso quiso apresar a otros heridos que estaban en un hospital.

“Deseo señalar que no solamente se ejecutó a 43 estudiantes y las personas que murieron en Santa Teresa, sino que hubo más personas muertas en el evento del 26 y 27 de septiembre de 2014, las cuales pertenecían al grupo de Onésimo Marquina Chapa y de Isaac Navarrete Celis y que se metieron a Iguala, siendo un total como de 70 u 80 personas el total de muertos de esos hechos”, declaró Juan el 10 de febrero de 2020.

El declarante explicó que Guerreros Unidos, auxiliado por militares y policías, buscaba a sicarios del grupo de Onésimo, jefe de un cartel rival que les adeudaba dinero. Los sicarios rivales se mezclaron entre los estudiantes que hacían una protesta en Iguala.

Fueron tres grupos de personas detenidas: uno fue tomado directamente por miembros de Guerreros Unidos, otro se lo llevó la Policía Estatal y otro el Ejército a las instalaciones del 27 Batallón de Infantería.

El propósito era interrogarlos para saber quiénes eran los sujetos que venían en el grupo contrario. Los detenidos en el cuartel militar fueron entregados a una célula de Guerreros, conocida como Los Tilos quienes procedieron a su desaparición diluyendo cuerpos en ácido y sosa cáustica para verter restos líquidos por coladeras y el drenaje en un domicilio

de Lomas de la Cumbre y Lomas de la Concha, Colonia Tacuba-11 de Marzo, de Iguala, otros muchachos fueron destazados a machetazos y hachazos. Después, los trasladaron a Servicios Funerarios El Ángel, a las afueras de Iguala.

Allí tardaron dos días en cremar todos los restos humanos. Los restos que no se alcanzaron a cremar fueron esparcidos en Taxco, cerca de unas minas abandonadas, e Iguala, poco antes de llegar al pueblo de Coacoyula.

Según la versión, policías estatales confabulados con los narcos, sembraron evidencias en el basurero de Cocula para ayudar a autoridades a dar resultados “rápidos” de las investigaciones.

Una parte de las cenizas que no fueron dispersadas en las afueras de Iguala fueron entregadas por los narcos a un agente de la Policía Ministerial de Guerrero de nombre Wenceslao y apellido Zempoatleca o Tlaxcalteca el 3 o 4 de octubre de 2014 con el fin de que las autoridades locales tuvieran resultados de sus investigaciones.

El mismo día en que entregaron las cenizas, las autoridades estatales fueron a dispersar los restos e inclusive “sembrar” casquillos y cartuchos percutidos, debajo de unas piedras, en el basurero de Cocula.

Esta operación confabulada entre narcos y autoridades estatales tenía el propósito de responsabilizar a la gente de nivel más bajo en la organización delictiva y no a los capos, de la desaparición de normalistas.

La Procuraduría General de la República (PGR) fincó en el “hallazgo” de Cocula la denominada “verdad histórica” del caso Ayotzinapa y procedió a la detención de algunos sicarios, del alcalde del PRD, José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda y de policías municipales.

Se revolvieron narcos con estudiantes de Ayotzinapa, según el declarante

La versión del testigo Juan sobre los hechos del 26 de septiembre de 2014 tiene como punto de partida el aviso que dio la Policía Estatal a operadores de Guerreros Unidos, sobre los autobuses con los estudiantes de Ayotzinapa que se dirigían de Chilpancingo a Iguala.

Alrededor de las 17:00 horas fueron alertados Víctor Hugo Benítez Palacios El Tilo y Jesús Pérez Lagunes El Güero Mugres, el hombre de Guerreros Unidos encargado de la relación con las diversas corporaciones y el Ejército.

“Los halcones de Guerreros Unidos ubicados de Iguala a Zumpango reportaron que detrás de los autobuses venían unas camionetas con gente armada con cuernos de chivo, reportaron que eran camionetas cerradas, que bajaron de Tlacotepec y pasaron por Xochipala para integrarse o seguir a los camiones de los estudiantes del crucero de Xochipala para integrarse a la carretera que va de Iguala a Chilpancingo, camionetas que eran nuevas y como la autoridad no utiliza cuernos de chivo por eso supusimos que era gente de Onésimo que bajaron de la Sierra de Tlacotepec”, relató Juan.

“Circularon detrás de los autobuses de los muchachos, esto es, de los estudiantes que venían de Ayotzinapa, a la altura de la entrada de Xochipala, ya que es la única entrada a la Sierra de Tlacotepec que se ubica entre Mezcala y Zumpango, se incorporaron al recorrido del autobús de los estudiantes de Xochipala”.

El testigo protegido recuerda que perdieron el rastro de los vehículos de sus rivales por el rumbo de Santa Teresa o Sabana.

Los normalistas arribaron entre las 21:00 o 21:30 horas a la central de autobuses de Iguala. A pesar de que los estudiantes irrumpieron con desmanes a su llegada, el grupo criminal – que monitoreaba la situación en tiempo real– no tomó en un principio la decisión de atacarlos.

“Como el grupo no tenía ningún interés en los estudiantes ni los autobuses no se hizo nada, ni se dio ninguna instrucción contra los estudiantes, pero fue cuando llegaron los reportes que las camionetas de la gente de Onésimo que iban detrás de los muchachos habían entrado ya a Iguala”, dice el colaborador de la FGR.

De acuerdo con este relato, los líderes del grupo criminal recibieron más tarde informes de que entre entre 20 y 30 miembros del grupo delictivo de Onésimo Marquina Chapa El Nencho habían entrado armados a Iguala en cinco o seis camionetas y dos Urvan. Fue el momento en que todo cambió.

Asegura que varios operadores de Guerreros Unidos acordaron dejar entrar a sus enemigos a la ciudad, para después cerrarles las salidas para detenerlos y eliminarlos.

“Alrededor de las 10:30 u 11:00 de la noche Jesús Pérez Lagunas El Güero Mugres –que actuaba bajo las órdenes de los Casarrubias Salgado–, empezó a dirigir el operativo en contra de los estudiantes, al escuchar a Víctor Hugo Benítez Palacios, que era el encargado de todos los halcones, decir que las personas que habían llegado en las camionetas se habían bajado y se habían revuelto con los estudiantes de los camiones”, cuenta.

“Víctor Hugo dio esa versión por los diversos enfrentamientos que se suscitaron en diversas partes de la ciudad de Iguala entre nuestra gente de Guerreros Unidos y la gente de Onésimo”.

Por ello, asegura que empezaron a atacar a balazos a los estudiantes.

En el operativo encabezado por Pérez Lagunas participaron en un principio los agentes de la Policía de Iguala y alrededor de 100 sicarios de Guerreros Unidos comandados por Nicolás Nájera Salgado.

Alejandro Palacios El Cholo Palacios ordenó a Elmer Salgado y Ramón Aponte, sus jefes de sicarios, que llevaran a cabo cuatro bloqueos para impedir la fuga de sus rivales.

Salgado y Aponte bloquearon las salidas en Zacacoyuca, Santa Teresa y Sabana. El cuarto bloqueo fue en Mezcala y quien lo llevó a cabo fue Víctor Flores Millán.

El plan para encapsularlos funcionó.

Según Juan, incluso uno de los grupos de pistoleros de Onésimo Marquina se bajó de sus camionetas y trató de escapar a pie por los caminos del panteón Cristo Rey, pero los halcones los interceptaron.

“Incluso se habían robado unos taxis para salir de la ciudad, fue en esa situación lo que originó que Víctor Hugo Benítez Palacios reportara que la gente de Onésimo se había mezclado con los estudiantes, por lo que al cuestionar vía radio Nicolás (Nájera Salgado) y El Cholo Palacios qué se haría, El Güero Mugres dio la indicación ‘pártanles su madre’”, declaró el testigo.

“Para salirse de Iguala inclusive habían robado taxis, por ello se atacaron a los taxis en Zacacoyuca o Santa Teresa, Guerrero; como dije en un primer momento, era la instrucción de contener y que no hubiera destrozos”.

En el operativo que desplegaron entre las 21:30 horas del 26 de septiembre y las 2:00 de la mañana del día siguiente, las huestes criminales y agentes de las diversas corporaciones “limpiaron” la plaza tanto de narcotraficantes como de normalistas, de los cuales varios resultaron muertos y otros heridos.

“Deseo señalar que no solamente se ejecutó a 43 estudiantes y las personas que murieron en Santa Teresa, sino que hubo más personas muertas en el evento del 26 y 27 de septiembre de 2014, las cuales pertenecían al grupo de Onésimo Marquina Chapa y de Isaac Navarrete Celis y que se metieron a Iguala, siendo un total como de 70 u 80 personas el total de muertos de esos hechos”, relató Juan.

Reforma, 20 Enero 2021

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