Traición en la Casa del Periodista en Acapulco

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Cuando te metes a un pozo de alacranes ya sabes a qué te expones: Miguel Ángel Arrieta

La lucha por lograr un espacio para todos los comunicadores de Acapulco fue abandonada por Divina Castro y Omar Villegas a cambio de su reingreso al SNRP

No consultaron, no avisaron, ni antes ni después de su claudicación, a quienes se la jugaron por ellos, eso sí, los dejaron con una denuncia ante el Ministerio Público 

Está claro que en una lucha se gana o se pierde; sabíamos que el gobierno del estado o la ley podrían haber fallado en contra de quienes tomaron el edificio -hasta entonces regenteado por el SNRP- y buscaban convertirlo en la Casa del Periodista, con la intención de que fuera un espacio para todos los comunicadores de Acapulco.

Eso estaba en el presupuesto: si se falla en contra, entregamos el edificio pero con razones legales en mano, se decía. Aun así, un puñado de periodistas se la rifó y apoyó a quien dijo haber sufrido discriminación de género.

Pero así no, Divina Castro y Omar Villegas 

-No reuniéndose en lo oscurito con aquel a quien acusaron de corrupto.

-No pactando con una organización a la que ustedes mismos acusaron de ser “patito” porque no existe como sindicato, porque no tiene registro como tal y porque no ostenta ni un solo contrato colectivo de trabajo.

-No vendiendo un movimiento noble que buscaba beneficiar a todos los periodistas de Acapulco y que ustedes canjearon vergonzosamente por sendos cargos en el comité del SNRP.

-No buscando su propio beneficio, negociando que se les retire la demanda por despojo, y no exigir lo mismo para sus compañeros, Miguel Ángel Mata Mata y Juan Manuel Millán Sánchez, quienes también están denunciados por haberse solidarizado con su movimiento. 

-No entregando las llaves del edificio como si fueran suyas, porque más que objetos inanimados, representan una lucha, y por lo tanto eran de todos los periodistas de Acapulco.

PERIODISTAS: ES UNA TRAICIÓN

Tras haberse entregado el edificio y dar por terminada de manera unilateral esta lucha, periodistas organizados e independientes calificaron como un acto de traición la acción de Divina Minerva Castro y Omar Villegas, quienes ni siquiera tomaron en cuenta a sus compañeros de lucha, quienes los apoyaron en los momentos en que fueron avasallados por sus dirigentes.

Como se recordará, Divina Castro había acusado a sus compañeros del SNRP de haberle negado su derecho a participar en el cambio de dirigencia; en la planilla también estaba inscrito Omar Villegas, con quien más tarde desconoció al SNRP y del cual dijeron tener pruebas de que realmente no era un sindicato y que no tenía ningún tipo de registro como organización.

Los periodistas pidieron apoyo a otras organizaciones e incluso a comunicadores independientes, con quienes tomaron el edificio que hasta entonces ocupaba el SNRP para convertirlo en una auténtica Casa del Periodista, para dar así cumplimiento a un Comodato emitido hace unos 30 años por el gobierno de estado “para uso y disfrute de todos”, no sólo de un grupo.

La idea de que el edificio sería disfrutado por todos, organizados o independientes, permeó en el ánimo de muchos y comenzaron a trabajar en el edificio del Callejón 4 de Enero; las puertas estaba abiertas incluso para los integrantes del SNRP, quienes  nunca quisieron hacer la unidad.

Sin embargo, el pasado 3 de febrero Divina y Omar entregaron las llaves del edificio al dirigente local del SNRP, Ernesto Caballero, a cambio de sendas carteras en el Comité, sin siquiera avisar o consultar a sus compañeros de lucha, quienes de inmediato hicieron público el sentimiento de que fueron objeto de alta traición.

La otra condición para que entregaran el movimiento de la Casa del Periodista era que Ernesto Caballero retirara la demanda de Despojo que había, pero sólo a quienes negociaron, no así para Juan Manuel Millán y Miguel Ángel Mata Mata, dirigentes del Frepeg-JRE y del Club de Periodistas, respectivamente, quienes siguen indiciados.

Mujeres comunicadoras que se habían solidarizado con Divina por la violencia de género que presuntamente sufrió, hoy se sienten decepcionadas, traicionadas, de acuerdo a lo que han expuesto, pues en realidad no era una lucha noble, incluyente, sino personal, mezquina.

“Es traición, en efecto, y de lo más corriente, porque debieron haberlo platicado antes con todos los que estaban participando (…) Además, es doble traición, porque no es solo a los periodistas que participaron en la toma de la casa, sino a todos los periodistas de Acapulco. Todos sabemos que más allá de cuestiones legales (nadie tiene la propiedad como tal) lo que había aquí era un beneficio, la donación de un inmueble, para los periodistas de Acapulco”, señaló el periodista y escritor Roberto Ramírez Bravo.

En el mismo sentido, Juan Manuel Millán expresó: “Que todo mundo se entere de la vil y despiadada traición (de) que fueron objeto los Periodistas de Acapulco”, expresión que recibió respaldos en Facebook.

La traición, como ha sido calificada por muchos, ha sido comentada en varias redes sociales; el reportero de Televisa, Isaac Flores, escribió: “Se ganó más de lo que se imaginan y ellos perdieron más de lo que creyeron ganar”, en clara alusión a la unidad que existe ahora entre quienes participaron en el movimiento, y en el repudio de que son objeto Omar y Divina.

Otro comunicador de amplia trayectoria, Miguel Ángel Arrieta Martínez, externó que no le sorprendía la manera en que actuaron quienes entregaron el movimiento: “…cuando te metes a un pozo de alacranes ya sabes a que te expones”, escribió.

“Cuando los quisieron meter a la cárcel, estuvimos con ellos y jamás nos quejamos, aunque también a nosotros nos querían meter a la cárcel (…) Cuando ellos decidieron que su espalda era su mejor muestra de gratitud, nosotros callamos (…) Cuando ellos dos se fueron y vendieron la causa, nosotros nos quedamos con el calor, cariño y fraternidad de quienes tenemos la utopía de una casa común”, escribió el periodista Miguel Ángel Mata Mata en un artículo llamado “Hicimos lo correcto”.

¿LA LUCHA SIGUE?

La lucha, al menos de la mayoría, no era para que les dieran un cargo a Omar y Divina en el SNRP, sino hacer una verdadera Casa del Periodista en beneficio de todos, sí, de todos, no de un grupúsculo que intimida, impone, segrega y discrimina.

Por eso, da la impresión de que esto no termina aquí, como lo dice el periodista Julio Zenón Flores: “Por otra parte había que pasar a la lucha política y señalar al SNRP de estar despojando al gremio periodístico de un inmueble que es de todos, para apropiarselo sólo el SNRP en un afán individualista y egoísta”.

El comunicador propone iniciar una lucha legal con la cual se exija al gobierno del estado “para que lo recupere y lo done a un colectivo representativo de todas las organizaciones locales”, o bien que sea asignado al Fondo de Apoyo al Periodista (FAP) “y lo convierta en un instituto periodístico de cultura y capacitación, para uso colectivo”.

Por otro lado, la forma de actuar del dirigente del SNRP el Acapulco, Ernesto Caballero, ha sido criticada por sus propios compañeros, como el periodista Ricardo Corte Rojas, quien señaló que “hay irritación por la actitud del líder sindical que esta vez lo hizo en lo oscurito con el pretexto del compañerismo, de que hay que sumar y otras tantas justificaciones para no asumir la responsabilidad de su autoritarismo”. 

Además, en los círculos del SNRP se habla de un rompimiento entre las dirigencias local y nacional de este “sindicato patito” –como lo llamaron Divina y Omar, hoy reingresados al redil- y que se avecina una lucha por la propiedad del edificio, del cual el gobierno de Héctor Astudillo Flores no ha dicho “esta boca es mía” y permitió así el crecimiento de las hostilidades entre los periodistas de Acapulco.

Por José de la Paz Pérez, 7 Febrero 2020

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