Niños policías en la ruta de la 4T

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Las fotografías de niños de entre seis y 15 años, ataviados con armas y uniformes de policías rurales, nos recuerdan lo lejos que se encuentra nuestro país de la tan anhelada pacificación.

Paradogicamente, la aparición de esta peculiar generación de policías rurales, en un territorio que – dadas sus condiciónes de miseria- supone ser prioritario para la agenda de la cuarta transformación, no figura hasta el momento, como un tema de interes para el gobierno de México.

Al ser consultado por periodistas, el presidente Andrés Manuel López Obrador se limitó a poner en duda la legitimidad de la policía comunitaria apuntalando su postura a que ésta no es si no una organización criminal que ante la dificultad para reclutar sicarios, ahora recurre a menores de edad.

Legítima o no, la CRAC-PC es una agrupación que se tomó la atribución de integrar a una nueva generación de personas para participar en acciónes de defenza del territorio que en cualquier otra parte del mundo corresponderían unica y exclusivamente al gobierno.

En la postura gubernamental, este hecho lejos de tomarse como un reflejo de la debilidad del estado que urge detener, fue -por lo contrario- reducido a un añejo debate sin fondo cuya falta de capacidad de solución, viene a ser una muestra del recrudecimiénto de la debilidad del gobierno para ejercer su autoridad en los territorios con presencia de Policía Comunitaria.

Aunado a las cifras que colocan al año 2019 como el más violento de la história del país desde la hera revolucionaria, la aparición de esta nueva generación de guardias comunitarios, nos indica el rumbo al que se dirige la transformación de México.

Hace apenas unos años, nuestro país fue capaz de mantener a flote un gobierno que resultó incapaz de salvaguardar la integridad de 43 estudiantes normalistas durante una noche en la que un acto de protesta se convirtió en poco menos que una cacería.

Hoy cinco años después, aunque con un nuevo gobierno, parece fácil, lógico y hasta obvio que nuestro país sea capaz de soportar un régimen donde, en la misma región geográfica surge otra muestra, no menos escandalosa, de que la autoridad, el derecho y el gobierno, no existen.

Por Libana Nacif Heredia

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