¿La divina comedia de Lozoya?

¿La divina comedia de Lozoya?

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Emilio Lozoya

Sabida es nuestra tradición política, en la cuál cada inicio de sexenio han de rodar cabezas prominentes del anterior, sin duda con las excepciones de las administraciónes panistas, en las que su nivel de abyección y oprobio no dio ya siquiera, para eso. El Rey sexenal en México era, indefectiblemente, decapitado al terminar su reinado con pocos límites, a no ser ese: perentorio a los seis años exactos.

“Romper pára estabilizar”, le llamaban algunos; práctica similar a la ceremonia del fuego nuevo prehispánico, sólo que en ese caso, cada 52 años. Esta tradición regresó con el PRI de Peña Nieto, la Maestra Gordillo fué la principal defenestrada, asi haya pasado su encierro en una cómoda habitación de hospital, la jaula, asi sea de oro, no deja de ser jaula. Sin embargo, estos golpes son mucho más mediáticos que jurídicos; cumplían (ó acaso aún cumplen) varias funciones, desde enviar un mensaje a la población de renovación y cambio en cuánto al tema endémico de la corrupción se refiere, cómo a la clase política en general, de que (si bien no tantos) existían límites en cuánto al ejercicio público.

En la administración peñanietista esos límites se esfumaron, máxime desde el dia en que el presidente normalizó el fenómeno de la corrupción en México, cómo un asunto cultural, casi de ADN, enviando señales, a manera de patente de corso, de que todo se valía; los resultados están a la vista de todos: el sexenio más corrupto de la Historia de México.

El presente periodo presidencial, de Andrés Manuel López Obrador también inició llevando a grandes políticos y cómplices en la I.P. a la piedra de los sacrificios, desde el abogado y operador de millonarios recursos ilícitos, Juan Collado, hasta Rosario Robles, pasando obviamente, por el que nos atañe, Emilio Lozoya, ex director de PEMEX, y miembro de la Familia más cercana y querida de Carlos Salinas de Gortari.

Si bien es claro que viene en calidad de testigo protegido, dado el cúmulo de información más que preciada con la que cuenta, el riesgo que no pocos ven es que todo esto se limite a ir administrando, desde la FGR, la información y los expedientes que de Lozoya Austin vayan saliendo, para asi dejar, aún más en claro, que la oposición en México está podrida, que carece de calidad moral alguna para ejercer su papel de una forma, ya no digamos sana, sino aún digna. El riesgo pues, es que todo el ‘maxiproceso’ que se desprenda del caso Lozoya, quede solamente para material de las conferencias mañaneras presidenciales; que se litigue todo en los medios de comunicación y en las redes sociales, por encima de las instancias judiciales correspondientes.

Aún es lastimoso, que en este país las cárceles estén llenas de pobres; que los ricos, en gran porcentaje, hallen las formas de eludirla, y eso debiera formar parte del proceso de la cuarta transformación de la vida pública en México, sin duda ya en marcha; en la Divina Comedia de Dante, en la parte del infierno, a los ladrones comunes iban a un infierno donde hervían en aceite, pero los otros, llamados, en dicha obra clásica, “los barattieri”, que eran funcionarios públicos corruptos, básicamente, iban a un lugar del infierno distinto, y especialmente reservado para ellos: un pozo en el que circularían, frenéticamente y sin descanso, sobre lomos de serpientes.

Va siendo ya momento que, los aún considerados intocables, sean despojados de ese manto protector metaconstitucional, y alcanzados ya por la Justicia de las Leyes terrenales, más aún que por la de la condena de la opinión pública y los medios, que si ya de por si, utilizan ellos, los grandes corruptos, esquemas tan sofisticados para esconder sus activos malhabidos, y sólo (en promedio) se recupera algo así cómo un ínfimo 3% de lo robado, tienen ellos una piel y una cara tan duras, cómo para reirse de por vida de todos los mexicanos de bien.

Por Ginés Sánchez, 28 Julio 2020

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