Evodio; entre el sueño y la realidad

Evodio; entre el sueño y la realidad

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Antes de participar en una medición interna de su partido, el PRD, para definir si va por la reelección, el alcalde Evodio Velázquez Aguirre, debe someterse a un referéndum ciudadano en el que todos los acapulqueños determinen si consideran apropiado que Evo permanezca en el cargo tres años más.

Independientemente de que sus correligionarios lo apoyen para la aventura reeleccionista, a Evodio lo que más le conviene es conocer la calificación que le otorga toda la población que gobierna, particularmente porque de lograr su postulación lo primero que lograría sería reventar el frente aliancista integrado por PRD, MC y PAN, y enfrentaría sólo la fuerza creciente de Morena y el amenazante voto duro de los priistas.

El discurso reiterativo de Luis Walton, dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, en el sentido de que MC se saldrá del frente partidista si la carta del perredismo es Velázquez Aguirre, más que advertencia es ultimátum: los números electorales no son favorables a un PRD sin alianzas.

En el 2015 los votos decisivos que hicieron la diferencia a favor de Evodio, vinieron del PT, pero ahora ese instituto decidió jugársela con Morena.

De ahí que antes de echar a rodar una estrategia que lo proyecte hacia un nuevo periodo al frente del ayuntamiento porteño, Evodio Velázquez precisa iniciar un ejercicio de autocrítica que le permita visualizar la realidad sobre la que está parado.

De hecho, esa evaluación debe centrarse por lo menos en tres casos que mediáticamente han restado numerosos puntos a la actual administración municipal:

1.- Si realmente en política la percepción aniquila discursos, es recomendable saber hasta dónde han asimilado los acapulqueños la transformación de vecino de barrio a propietario de una residencia en Brisamar, a la que se sometió Evodio a los pocos meses de iniciado su mandato.

Después de todo, nunca hubo explicación alguna del gobierno municipal sobre esa adquisición detectada a través de filtraciones y no por medio de la exhibición pública de la declaración patrimonial del alcalde acapulqueño, y hasta la fecha la información del caso continúa entre la bruma y la opacidad oficial.

2.- En el mismo sentido, Evodio debe observar hasta qué punto se ha difuminado el efecto de los escándalos de corrupción y enriquecimiento acelerado protagonizados por los integrantes del círculo de amigos que benefició con posiciones estratégicas en su gobierno; los hermanos Galeana en Capama; Karla Sánchez, directora de Adquisiciones municipal; Jesús Rangel en Zonatur, entre otros nuevos ricos surgidos en la actual administración municipal.

En este contexto el problema es doble, ya que además del encubrimiento a los excesos de sus amigos, el alcalde no ha iniciado procedimiento administrativo en ninguno de esos casos.

3.- Los efectos del hermano incómodo, Iván Orlando Velázquez, representan el escandalo más reciente del gobierno de Evodio; señalado de haber adquirido un condominio con valor de quince millones de pesos, luego de ser beneficiado por el ayuntamiento con contratos sin licitar para la organización de eventos culturales, deportivos, musicales, gastronómicos y de espectáculos.

El impacto que tuvo esta denuncia entre la opinión pública generó la percepción de que el ayuntamiento porteño se convirtió como nunca antes en recinto de corrupción, nepotismo y surgimiento de una corte municipal privilegiada con el presupuesto municipal, lo que se asimiló como una ofensa contra ciudadanos que no encuentran empleo, enfrentan la inseguridad incontenible y son víctimas de abusos oficiales.

Al final de cuentas, además de esas referencias Evodio Velázquez encara escenarios de permanentes fallas en la prestación de servicios públicos; desabasto de agua potable como jamás se había observado y los sistemas recolectores de basura rebasados por el acumulamiento de desechos, las cifras más elevadas de inseguridad y la reproducción ilimitada del comercio informal.
Ahora más que nunca es recomendable que el presidente municipal escuche: primero el referéndum.

 

Por Miguel Ángel Arrieta Martínez

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