¡Que vienen los rusos!

¡Que vienen los rusos!

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Russian President Vladimir Putin addresses the troops at the Hemeimeem air base in Syria, on Monday, Dec. 11, 2017. Declaring a victory in Syria, Putin on Monday visited a Russian military air base in the country and announced a partial pullout of Russian forces from the Mideast nation. (Mikhail Klimentyev, Sputnik, Kremlin Pool Photo via AP)

Cuando sólo faltan menos de siete meses para las elecciones presidenciales en México, algunos ciudadanos parecen preocupados porque —según murmuran por ahí—, los rusos han llegado para imponer candidatos y, en el proceso, torcer la voluntad de millones de ciudadanos en las urnas.

Para muchos de estos incautos, de la noche a la mañana, el líder ruso, Vladimir Putin, se ha convertido en una suerte de cerebro que maquina y pulula a través de las redes sociales. O que tiene el poder para incrustar “agentes encubiertos” en medios de comunicación.

Hoy, podría decirse que son legión quienes creen que el pasatiempo favorito de Putin es jugar como un titiritero de la voluntad popular ciudadana, tirando de bots, hackers o de insidiosos algoritmos que decidirán el rostro del futuro presidente de México en la noche del escrutinio electoral.

“¡Cuidado con Putin que nos va a sorprender de la misma forma que lo hizo en Estados Unidos con Donald Trump, para imponernos un candidato que comulgue con el populismo más autoritario¡”, advierten algunos analistas y comentaristas que han decidido alentar estos miedos en nombre de la seguridad nacional.

El bulo de la intromisión rusa, promovido desde diferentes trincheras mediáticas, ha obligado al Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, a desmentirlo recientemente durante su viaje a Moscú el pasado mes de noviembre:

“No tenemos ninguna evidencia que valide tal hipótesis”, de intervención rusa en México respondió Videgaray en una apurada rueda de prensa con el ministro ruso de exteriores, Serguei Lavrov quien, por cierto, ha culpado de estos rumores a Estados Unidos.

Winston Churchill solía decir que “en tiempos de guerra, la verdad es tan preciosa que debería ser protegida por un guardaespaldas de las mentiras”.

Yo añadiría que, lo que vale en tiempos de guerra, también sirve durante tiempos de campaña electoral, donde los amos de la propaganda siempre buscan engatusar a millones de incautos para convencerlos del peligro que representa determinada opción o candidato, en beneficio de determinados poderes fácticos o intereses creados.

Uno de los mejores antídotos contra la desinformación, es la información bien documentada y contrastada. Es quizá la mejor vacuna contra las llamadas “fake news” o los “hechos alternos” que hoy defiende o utiliza de forma descarada la administración de Donald Trump para tratar de desviar la atención de los muchos escándalos que le persiguen tras uno de los procesos electorales más intrigantes.

Quizá por ello, vale la pena recordar algunos antecedentes sobre la historia de dos enemigos declarados como EU y Rusia. Una historia que esta precisamente relacionada con las pasadas elecciones a la presidencia en la Unión Americana.

Unos antecedentes que algunos han ignorado (de forma voluntaria o involuntaria) para culpar solamente a Rusia y a Vladimir Putin del sorprendente triunfo de Donald Trump.

En diciembre de 2011, durante unas elecciones parlamentarias marcadas por las protestas y acusaciones de fraude en Rusia, el entonces primer ministro, Vladimir Putin, acusó directamente a Hillary Clinton, entonces Secretaria de Estado, de haber estado detrás de esta campaña de revueltas que estuvieron a punto de descarrilar sus planes para reconquistar la presidencia en 2012.

De hecho, Putin se comunicó directamente con el presidente Barack Obama para reclamarle por la supuesta intromisión del Departamento de Estado en unas elecciones que le dieron al partido Rusia Unida menos del 50% de los votos.

Un resultado que, Hillary Clinton, calificó de “fraudulento” y demandó una “investigación a fondo” de los resultados durante una conferencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en diciembre de 2011.

Según la acusación de Putin, Hillary Clinton se habría entrometido en Rusia de la misma forma que lo hizo en países árabes como Egipto, alentando la famosa “primavera árabe” mediante el uso de las redes sociales.

Una primavera que, hoy sabemos, fue de corta vida y terminó con el golpe de mano de los militares bajo el disimulo complacido de Washington que descubrió que, en Egipto, la democracia no podía llegar solamente de mano de las redes sociales y que el cambio que había favorecido, no podía caer en manos de la Hermandad Musulmana.

En cualquier caso, desde ese turbulento mes de diciembre e 2011 en Rusia, Putin prometió vengarse. Y, a juzgar por el resultado de las pasadas elecciones presidenciales, lo habría logrado aunque de forma muy tangencial.

Y digo de forma tangencial porque aún no se conocen los resultados de la investigación que encabeza el fiscal especial, Robert Muller, para determinar el grado de intervención o injerencia en las elecciones y en la campaña de Donald Trump.

Como tampoco nadie se ha atrevido a establecer de forma certera que, la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016, ha sido sin lugar a dudas resultado directo de la injerencia rusa.

La promoción de programas de internet para influir en el ánimo o explotar la sed de apertura democrática entre ciudadanos de distintas partes del mundo —irónicamente mediante el uso de cuentas de Facebook, Twiter o Youtube—, ha sido una de las armas arrojadizas que Washington decidió utilizar, sin pensar que un día este esfuerzo se les revertiría en su propio terreno con la operación más exitosa de los servicios de inteligencia del Kremlin.

Promover el avance de la democracia en todo el mundo, a través de su Oficina de Democracia y Derechos Humanos, ha sido efectivamente uno de los principales programas del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Irónicamente este programa se convertiría en la caja de Pandora que los adversarios de Washington han aprendido a utilizar de forma exitosa.

El problema es que, como ya se sabe, Estados Unidos siempre ha estado obsesionado con la promoción de las libertades democráticas para que las naciones que considera parias o bananeras, se transformen a imagen y semejanza de su propio sistema político.

Y, por supuesto, en función de sus intereses estratégicos y corporativos.

Un pecado de arrogancia que les ha costado muy caro en países como Afganistán, Irak, Siria y que en muchos sentidos se les ha revertido desde naciones como Rusia y China.

Para nadie es un secreto que, desde hace más de 10 años, Estados Unidos se ha enfrascado en una ciber guerra con algunos países como China, Rusia o Corea del Norte. A su vez, estas naciones siempre han negado la existencia de programas para penetrar las redes de internet del gobierno, de partidos políticos o de corporaciones y contratistas del Pentágono en Estados Unidos.

Si tenemos en cuenta todo este contexto, la supuesta injerencia de Rusia en México no resiste un análisis comparativo en serio. De hecho, los rumores de su intromisión en las próximas elecciones presidenciales en México son francamente una invitación al sarcasmo.

Porque; ¿que razón tendría Putin para inmiscuirse en las próximas elecciones presidenciales en México?. ¿Para desestabilizarlo más de lo que ya se encuentra?…¿Cuáles son los asuntos pendientes, el ánimo de venganza o el móvil estratégico para “desestabilizar a México y a toda la zona”, inmiscuyéndose en un proceso electoral que, ya de por sí, será uno de los más sucios e inciertos en la historia reciente de México?

Recientemente, una ingeniosa tuitera, respondió a estos rumores que surgieron como las muchas ocurrencias que surgen en la red para advertir que Putin ya tenía a su candidato “para desestabilizar (a México y a toda) la zona..”, en obvia alusión a Andrés Manuel López Obrador.

“¡Pero si nosotros (ya) nos desestabilizamos solitos!”, respondió la usuaria de twiter @verónicacalderón, para dejar en evidencia el poco arrastre que han traído consigo las versiones de que los rusos ya vienen a México para imponer a su candidato.

Quizá, por ello mismo, Luis Videragay puso cara de incredulidad el pasado mes de noviembre cuando se le preguntó en Moscú su opinión sobre esta supuesta intervención rusa que algunos entusiastas de las teorías de la conspiración, han atizado para tratar de jalar agua a su molino.

O para tratar de desbrozar el camino al candidato de sus preferencias, agitando el fantasma de la intervención rusa.

 

Por J. Jaime Hernández, 11 Diciembre 2017

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