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Exigencia en el PRI: que Peña saque las manos y se vaya Ruiz Massieu

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"Espontáneo" salta en consejo del PRI en protesta contra Peña Nieto. Foto: Eduardo Miranda

A la vista de los pésimos resultados electorales de José Antonio Meade y su equipo leal al presidente Peña Nieto, los líderes de las corrientes que se opusieron a la candidatura presidencial externa quieren “rescatar” el PRI, ya que –en palabras del dirigente de la corriente Democracia Interna, Ulises Ruiz– está “secuestrado” por el grupo del mandatario. Y aunque la demanda principal es que los peñanietistas saquen las manos de la elección del presidente del partido el próximo año, algunas voces ya piden que asuman su responsabilidad en la histórica derrota. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A casi dos meses de la derrota histórica de la pasada elección, en medio de pugnas internas y acusaciones de ilegitimidad contra la dirigencia, así como de señalamientos contra Enrique Peña Nieto por su responsabilidad en la debacle, Claudia Ruiz Massieu­ Salinas fue ratificada un año más en la presidencia del PRI, organización próxima a cumplir 90 años y que aún no decide el rumbo que tomará.

La sobrina del expresidente Carlos Salinas de Gortari e hija de José Francisco Ruiz Massieu –quien también fue líder del tricolor y cayó asesinado en septiembre de 1994– asumirá el liderazgo de un PRI sin poder presidencial, con 5 millones de votos menos (los perdieron en el gobierno peñanietista), arrinconado como tercera fuerza política en el Congreso de la Unión y fracturado por los grupos que luchan por la franquicia. 

En medio de esta pugna se encuentra la figura de Enrique Peña Nieto, a quien la actual dirigente manifestó que apoyará irreductiblemente hasta el último minuto de su gobierno, mientras que opositores internos, como el exgobernador Ulises Ruiz, al frente de la corriente Democracia Interna, el exdirigente del partido César Augusto Santiago y hasta el diputado capitalino Cristian Vargas, culpan al mandatario de la derrota del 1 de julio y de seguir interviniendo en la vida interna del partido para imponer a Ruiz Massieu. 

Entrevistada al respecto, Dulce María Sauri Riancho, también expresidenta del PRI y diputada electa, manifiesta su desa­cuerdo: “El PRI es una institución política que va a cumplir 90 años. Si no es capaz de hacerse responsable de sus propias decisiones, comenzaremos mal el cambio. Nosotros avalamos, nosotros decidimos, permitimos y propiciamos que el presidente de la República, como militante del partido, estuviera interviniendo en las decisiones. Entonces, juntos debemos asumir las consecuencias de ellas”.

–¿Claudia Ruiz Massieu es una imposición de Peña?

–No me parece que sea así. Hubo todo un proceso interno para ver quién podía darle estabilidad a la dirigencia hasta agosto de 2019, cuando tiene que cambiar la presidencia del partido. Claudia Ruiz Massieu tiene ánimos y los arrestos para enfrentar esta situación. 

Por otra parte, Sauri rechaza también la idea del cambio de nombre del PRI, y en lugar de esto apoya la de revisar la esencia del partido, “entendiendo ésta como la comprensión de los valores y los principios que animan a una organización política”.

La exgobernadora de Yucatán considera que en la renovación del PRI no es prioritario cambiarle el nombre. Explica que eso de poco sirve si el contenido, la esencia, como lo dijo el presidente Peña, sigue siendo la misma. “La sociedad mexicana no se va a tragar esta idea de cambio de nombre porque sería la misma gata pero revolcada. De eso hay que huir y rechazarlo”, advierte.

Señala que, en todo caso, el cambio de nombre sería consecuencia de un proceso y no el primer punto. Además, defendió el nombre del PRI bajo el argumento de que perdería su registro obtenido desde 1947 “y se irá a la cola de la boleta”.

Ulises Ruiz, a su vez, rechaza la idea mencionada por Peña Nieto de que el PRI cambie su nombre y esencia para renovarse. El exgobernador de Oaxaca dice que primero tiene que rescatarse el partido de las manos del grupo del presidente, “que lo tiene secuestrado”. Y señala a Claudia Ruiz Massieu como parte de ese grupo:

“No tenemos nada en contra de la señora. Pero con Claudia no hay confianza. No debe ser un cuadro que tiene secuestrado al PRI, a través del presidente, Peña el que deba estar en esta transición”, puntualiza.

El plan de Ruiz Massieu

En la cúpula del PRI ya se tiene trazada la ruta para que Ruiz Massieu se quede en la dirigencia hasta agosto del año entrante. De acuerdo con versiones de varios integrantes del Consejo Político Nacional (CPN), existe un pacto entre René Juárez Cisneros y Miguel Ángel Osorio Chong, así como de los gobernadores, para que se quede de manera definitiva al frente del partido como presidenta de 2019 a 2023 para encabezar su renovación.

Para ello se prevé adelantar medio año la elección de la nueva dirigencia. Según los estatutos, el actual periodo de Manlio Fabio Beltrones –elegido como presidente del PRI por cuatro años, aunque fue sustituido en 2016– termina en agosto de 2019. Pero si todo el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) renuncia antes, el 19 de febrero se citaría a la asamblea nacional con la intención de ratificar a Ruiz Massieu.

La intención de este madruguete es contener las fracturas que ya se ven en el partido, pues la actual dirigencia encabezada por Ruiz Massieu fue interpelada en la sesión del CPN por el exdiputado capitalino Cristian Vargas, quien la acusó de ser una imposición de Peña Nieto.

Además, Ulises Ruiz asegura que con la ratificación de Ruiz Massieu el PRI manda una mala señal, porque se siguen las mismas prácticas de imposición y de elegir a la cabeza del partido a escondidas de los militantes.

Horas antes de la ratificación de Ruiz Massieu como presidenta del PRI en la sesión extraordinaria del CPN efectuada el martes 21, la corriente Democracia Interna denunció que fue un proceso “tramposo y viciado” porque se anunció sin dar oportunidad a otros aspirantes a prepararse para cumplir con los requisitos de apoyo de los sectores, corrientes y consejeros políticos. Por eso adelantó que podría impugnarlo ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Los integrantes de Democracia Interna no asistieron a la sesión del CPN en protesta por lo que llamaron un “nuevo episodio de traición a la militancia por un grupo que mantiene secuestrado el partido”. Para su dirigente Ulises Ruiz es urgente que el PRI se deslinde del presidente Peña Nieto para hacer una evaluación honesta de sus errores y que el presidente no siga interviniendo en las decisiones partidistas.

 Puntualiza: “Es evidente que se sigue metiendo en las decisiones de la vida del partido. Nosotros le tenemos mucho respeto al presidente, pero le pedimos que ya no se meta porque en el partido hay quienes tenemos una enorme divergencia con sus puntos de vista. Él dice que no fue el responsable, pero reconoce que el candidato (José Antonio Meade) no funcionó, que la candidatura externa no funcionó, pero él la puso y dio la línea para abrir los candados en el PRI”, asegura.

Insiste en que el rechazo al PRI en las pasadas elecciones tuvo que ver de manera directa con la gestión de Peña Nieto porque la sociedad identificó el fracaso de sus políticas de seguridad y de combate a la pobreza con el priismo:

“Por eso yo hablo de responsables, de sus funcionarios que no cumplieron con las expectativas de la ciudadanía y que ahora están como diputados y senadores plurinominales. Ahora no sólo se quiere lavar las manos, sino poner en la dirigencia del PRI a quienes lo llevaron a la derrota, pero no vamos a permitir que sigan dañando al partido como ya lo hicieron”.

Critica la actitud de la dirigencia y de quienes serán coordinadores del PRI en las dos cámaras, René Juárez Cisneros (dipu­tados) y Miguel Ángel Osorio Chong (senadores): “Parece que ganaron y creen que con las mismas actitudes pueden recuperar la confianza de la gente. Eso es inadmisible y les vamos a ganar la presidencia del partido por más que quieren imponerse”.

Además, Ruiz exige que en febrero de 2019 se lance la convocatoria para la Asamblea Nacional y que se abra la votación a los militantes con miras a la elección para presidir el PRI de 2019 a 2023.

 “Hay una enorme disposición de los priistas en todo el país a que ya se abra el partido, que se acaben las prácticas de imposición que nos llevaron a la derrota”, dice, y confía en que se den los cambios necesarios al terminar el gobierno de Peña Nieto.

A tres días de que Claudia Ruiz Massieu­ fue elegida por unanimidad en el CPN en su sesión del martes 21, el exgobernador de Oaxaca advierte que la dirigencia actual está vinculada a Peña Nieto y quiere dejar amarradas las cosas para que el próximo año no haya un proceso democrático y abierto a la militancia.

Apunta, “vamos a presionar lo necesario para que no sea así. Estamos formando un frente entre todos los que coincidimos para que desde los estados de la República podamos hacer la presión para que se abra el proceso a la consulta abierta a los militantes y simpatizantes del partido y se garantice la imparcialidad en la elección”.

Renovación o “despeñadero”

Ulises Ruiz, integrante del grupo del excandidato presidencial Roberto Madrazo, es uno de los aspirantes a presidir su partido. Manifestó su desacuerdo con los cambios a los estatutos que permitieron postular al candidato externo José Antonio Meade a la Presidencia de la República y se enfrentó verbalmente con Peña Nieto en el proceso electoral, cuando señaló que su mal gobierno sería el causante de la derrota.

En la actual dirigencia priista consideran que el pasado de corrupción de Ulises Ruiz en Oaxaca, la derrota que sufrió en esa entidad cuando hizo a Eviel Pérez Magaña candidato a gobernador y también la derrota de Madrazo en 2006 no son buenas credenciales para dirigir al PRI en esta etapa de crisis.

Ante la intención de impedirle el paso, Ulises Ruiz formó hace dos años la corriente Democracia Interna, con más de 400 miembros de todo el país, y a través de ella empuja para que se abra el voto directo a la militancia en el proceso de renovación; de lo contrario, le dijo en una carta a Ruiz Masssieu, “nos iremos al despeñadero”.

En entrevista, reitera que el grupo de Peña Nieto mantiene “secuestrado” el PRI y que, en su afán de mantener su poder “a pesar de que son los responsables de la derrota con sus decisiones”, no quieren que la militancia elija a su dirigente.

Por su parte, César Augusto Santiago exigió en una carta pública dirigida a Samuel Palma, presidente de la Comisión de Diagnóstico del PRI, que quienes participaron en el proceso electoral “rindan cuentas, que informen de lo ocurrido; qué fue acertado y qué no lo fue, y cuáles sus omisiones que nos llevaron al fracaso”.

El exdirigente del PRI manifiesta la urgencia de conocer y responsabilizar a quienes tomaron las decisiones que llevaron a la “monumental derrota” de julio pasado. Entre las 16 preguntas de su misiva pide identificar quién fue el autor de la idea y promotor del activismo del entonces líder priista Enrique Ochoa y de sus colaboradores para permitir, mediante la modificación estatutaria, la postulación de un candidato externo, desplazando a quienes aspiraban a la candidatura.

También inquiere cómo se seleccionó a José Antonio Meade para que fuera el candidato externo del PRI y quién o quiénes autorizaron y permitieron que la Declaración de Principios y el Programa de Acción fueran ignorados en la serie de ocurrencias que el candidato incluyó en su incoherente discurso durante toda la campaña.

Pese a todas estas críticas y demandas, la próxima diputada federal Dulce María Sauri confía en que se llegará a los acuerdos necesarios para “reinventar” el PRI, regresando a principios fundacionales como la justicia social traducida en su programa de acción, su conducta y sus posiciones políticas. 

Por JOSÉ GIL OLMOS,

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